El frio y la leña (1)

Era la diferencia entre pasar frío y entrar en calor. La diferencia entre la mena y el hierro, entre la carne cruda y la costilla asada. Durante el invierno, era la diferencia misma entre la vida y la muerte. Esa era la importancia que tenia la leña para los primeros habitantes del norte. La recolección de leña, era, sencillamente, una de las tareas prioritarias, y el resultado de la ecuación resultaba sencillo: si tenias poca, pasabas frío; si te faltaba, te morías.

Tal vez unos cuantos milenios de frío y sufrimiento hayan desarrollado un gen especial de destreza para la calefacción de leña que la gente de zonas cálidas y templadas no tiene. La leña es la misma razón por la que la gente del norte esta aquí, pues sin ella las gélidas regiones norteñas serian inhabitables. Se sabe que desde épocas prehistóricas la gente del norte cortaba madera verde y la secaba para el invierno siguiente. Por supuesto, en la antigüedad la leña era importante para toda la humanidad, no solo por el calor que proporcionaba, sino también para cocinar. Se trata de la mas antigua de nuestras fuentes de energía.

El consumo de leña en países norteños como Noruega es de unos 300 kg al año por habitante, donde al menos el 25% de la energía para calentar viviendas viene de la madera, y la mitad de la leña la cortan los particulares. Pero el récord mundial lo tiene Butan, con un consumo medio de 850 kg por habitante, debido a que el 90% de la energía para calefacción y cocina de este lugar procede de la leña, dejando al país siempre al borde de una crisis maderera.

Great Tower, Dover Castle, Dover Kent. Room G03. New presentation, hearth. Taken for Properties Presentation.

En el pasado este tipo de crisis se daba con frecuencia en muchos países ya que el consumo de leña para la fundición, los materiales de edificación y la construcción naval eran tan elevados que conllevaba la deforestación de áreas enormes y la falta de leña representaba una amenaza constante en muchos lugares. Debido a que el tipo de calefacción en las viviendas era con fogones abiertos los cuales necesitan cantidades colosales de leña, en el siglo XVIII varios países del norte de Europa estaban al borde de una crisis maderera. En Suecia el Rey Juan III encargo a dos ingenieros que construyeran un fogón mas eficiente, desarrollando a los pocos meses la KAKELUGN, la celebre estufa cerámica sueca que todavía se sigue usando.

La Segunda Guerra Mundial llego y el mundo pudo ver las excelentes habilidades de la leña en los tiempos de crisis. Los países del norte de Europa hicieron enormes acopios de leña para calefacción debido al que el fueloil escaseo enormemente. Cientos de miles de vehículos fueron equipados con la tecnología de gasógeno, basada en las astillas de leña. La guerra fue un recordatorio de lo valiosa que puede llegar a ser la energía de origen local en tiempos de crisis.

La paz trajo métodos de calefacción manufacturados y prácticos, como los radiadores eléctricos. Por fin la familia se veía liberada del peligro del incendio, de las astillas y el hollín que atascaba la trampilla,d el vaciado de cenizas y la vigilancia sin fin, de las casas frías si las estufas se apagaban de madrugada, del constante ir y venir con leña sobre las mangas de camisa. Sobre todo, ahora la gente no tenia que levantarse en mitad de la noche para alimentar el radiador eléctrico.

No es extraño que el consumo de leña disminuyera. Cortar madera era casi tan laborioso en los años cincuenta como un siglo antes. Todo debía de hacerse a mano. Tampoco las estufas eran tan eficientes como hoy. La electricidad y el fueloil eran alternativas baratas, requerían poco mantenimiento y permitían conservar el calor durante la noche. A menudo las casas estaban mal aisladas y requerían una fuente de calor sencilla durante el día, y para eso la electricidad era perfecta. La venta de leña cayo en picado. En los setenta la electricidad y el fueloil resultaban tan baratos que pocos optaban por la leña como principal fuente de calefacción.

 

Articulo basado en el libro “ El libro de la madera” de Lars Mytting

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